miércoles, 10 de noviembre de 2010

Fernando Herrera

 Yo vi unos bellos ojos, que hirieron 
con dulce flecha un corazón cuitado, 
y que para encender nuevo cuidado 
su fuerza toda contra mí pusieron. 

Yo vi que muchas veces prometieron 
remedio al mal, que sufro no cansado, 
y que cuando esperé vello acabado, 
poco mis esperanzas me valieron. 

Yo veo que se asconden ya mis ojos 
y crece mi dolor y llevo ausente 
en el rendido pecho el golpe fiero. 

Yo veo ya perderse los despojos 
y la membrana de mi bien presente
y en ciego engaño de esperanza muero

lunes, 1 de noviembre de 2010

El triunfo de la virtud

Me ha parecido al caso publicar este cuadro de Mantegna porque es una bella representación de cómo la virtud se impone valerosa sobre los excesos del vicio. Ante ella, las tinieblas se disipan y se descubre como el orden surge para lucir el esplendor y la belleza de una vida íntegra. Así ha de ser en nuestras vidas, porque la medida de una nación es los hombres que producen y la bondad o la belleza de la vida que viven. Cuánto más realicemos este ideal, tanto más estaremos contribuyendo al progreso de nuestra sociedad y nuestra patria.


La experiencia estética

"Hay una experiencia humana genuina (un gozo, una alegría, un  atisbo de plenitud) que surge con la contemplación de lasa cosas bellas y nos hace, al menos momentáneamente, dichosos; nos saca de la limitación natural para elevarnos a horizontes de maravilla" (J. L. LORDA). El contacto con lo bello despierta en  nosotros unos anhelos espirituales más nobles que nos permitan superar la prosa del día a día, agradable en cierto modo pero insuficiente.