El tiempo nos convida y, ¿qué diré? Que la pasamos como enanos, aun a pesar de no haber en las inmediaciones ni un solo ejemplar del sexo bello. Supimos divertirnos sin el apoyo de Venus, aunque no faltaron las coñas relativas al olvido de Flandes, tierra de muchos conocida y visitada con asiduidad; también se encendieron acalorados debates sobre la homosexualidad: algunos la condenaron sin reservas y otros se mostraron tolerantes y respetuosos pues está el derecho a escoger el punto que más plazca.
La noche seguía su curso y se fueron tocando todos los puntos, uno a uno, en sucesivos brindis que Leo se encargó de presidir. Ineludibles referencias a algunas madres que son ya parte de nuestra historia hicieron que se recrease aquel ambiente del bachillerato, en el que brillamos como la generación más abierta, noble y generosa del Colegio Los Robles.
El alcohol ya había surtido su efecto cuando se recordó aquel claqueo por bulerías que un día me marcara sobre la mesa del profesor, y al calor de los enfurecidos aplausos reventé adoquines con mis viejos zapatos del colegio (aquellos de la cámara de aire). Mallada no se quedó corto tampoco y empezó a ensayar danzas extrañas que solo Dios sabe en qué estaría pensando. Celestino, por su parte, nos habló de su Erasmus en Bolonia, mostrándose un profundo conocedor de todo lo que es cultura flamenca. Pablo Lucas destacó que él prefería aterrizar en otros continentes, que es "otro puto rollo", que algo ya sabía pero que nunca hay que dejar de aprender. Viña, con pose heraclítea, parecía estar lamentándose de la existencia a eso que se acabó el alcohol. Apuró hasta la última gota.
En suma, fue una noche inolvidable en la que estuvimos radiantes para recibir el Año Nuevo que se encara con ilusión y con optimismo. Y algunos también con narcisismo con lemas tales como: "Dítelo, dítelo. Estoy bueno"
El alcohol ya había surtido su efecto cuando se recordó aquel claqueo por bulerías que un día me marcara sobre la mesa del profesor, y al calor de los enfurecidos aplausos reventé adoquines con mis viejos zapatos del colegio (aquellos de la cámara de aire). Mallada no se quedó corto tampoco y empezó a ensayar danzas extrañas que solo Dios sabe en qué estaría pensando. Celestino, por su parte, nos habló de su Erasmus en Bolonia, mostrándose un profundo conocedor de todo lo que es cultura flamenca. Pablo Lucas destacó que él prefería aterrizar en otros continentes, que es "otro puto rollo", que algo ya sabía pero que nunca hay que dejar de aprender. Viña, con pose heraclítea, parecía estar lamentándose de la existencia a eso que se acabó el alcohol. Apuró hasta la última gota.
En suma, fue una noche inolvidable en la que estuvimos radiantes para recibir el Año Nuevo que se encara con ilusión y con optimismo. Y algunos también con narcisismo con lemas tales como: "Dítelo, dítelo. Estoy bueno"
Vale Lobo, cumples promesas sí señor. Al estilo Lord Byron. Pero te faltó destacar la frase de la noche a cargo de Maese Feréndez García: 'Es más sano desayunar tocino frito que galletas María Digestive de chocolate'.
ResponderEliminarSi, la verdad que estuvo inspirado nuestro amigo
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